Viajes en pareja: Nueva Zelanda

Nueva Zelanda: Viajes en pareja

Si existe un motivo primordial para visitar Nueva Zelanda, es su paisaje. Allí la naturaleza se siente, se disfruta y se protege. Beneficiada con uno de los entornos más bellos del planeta, entre volcanes, ríos trasparentes y caudalosos, glaciares y playas solitarias. Este tesoro natural está bien cuidado. Infinidad de parques naturales y áreas protegidas con acceso gratuito.

Este archipiélago de Oceanía, notable por su aislamiento geográfico, está conformado por dos islas principales, la isla norte y la isla sur. En la parte norte está concentrada la mayor cantidad de la población, principalmente en Auckland. El paisaje es algo montañoso y con una gran meseta volcánica. Goza de un increíble atractivo hacia el centro, en la región termal de Rotorua. Los geisers activos, y las fuentes de aguas termales burbujeantes son los principales reclamos, además de su paisaje encantador.

En la isla Sur, las parejas que buscan adrenalina aquí pasarán su mejor luna de miel. Está dividida a lo largo por los Alpes del Sur, con los escenarios más bonitos, lagos azules y montañas nevadas de telón, y los prados más verdes. Diríjanse a Queenstown, donde está la capital de la aventura. De entre el mar de opciones que ofrece la zona está el esquí, mountainbike, senderismo, vuelos en helicóptero, vuelo con paracaídas y bungee jumping. No muy lejos de allí está Milford y Fiordland, un parque natural de fiordos de difícil acceso, pero que mucho vale la pena.

Pero si lo suyo no es el deporte, una caravan o vehículo de alquiler serán más que suficientes para deleitarse con  las maravillas de este país. Su pequeño tamaño y la eficiente infraestructura lo hacen fácil de explorar. Me atrevo a decir que es el país más preparado para el acampe, y las carreteras, de inmejorables condiciones, llegan a todas partes.

La mayor parte de la población neozelandesa es descendiente de europeos. Los pobladores originarios eran los maoríes, que ahora representan la minoría más numerosa. Todos los recibirán con los brazos abiertos ya que son un pueblo muy abierto y pacífico. Poseen uno de  los índices más bajos de  criminalidad del mundo, un altísimo índice de desarrollo humano, y es donde más se respetan los derechos civiles.

Debido a su gran aislamiento, se llegó a desarrollar una fauna endémica. Muchas especies se extinguieron por el accionar humano, pero algunas de ellas aún perduran, como el kiwi, un icono nacional. El país es pionero en la restauración ecológica para proteger a las especies en peligro, y ha destinado miles de hectáreas como santuario.

Como hemos repetido incansablemente en este artículo, el punto fuerte del país es el paisaje. Lo cual no quita que en las ciudades más grandes se encuentre entretenimiento. Como por ejemplo el museo de Te Papa Tongarewa, en Wellington, o alguno de los monumentos de Auckland. Aunque la mayoría de los pueblitos son pequeños, tranquilos y con pocos atractivos (aunque hay quienes consideran a la tranquilidad como atractivo, por supuesto).