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Un viaje de novios a la Polinesia es el sueño de muchas parejas para pasar esos primeros días de casados. Estar en un lugar tan lejano supone vivir una experiencia única, y por ello es muy útil conocer la información básica sobre los emplazamientos más famosos de este rincón de Oceanía.
Muchas de las islas de la Polinesia, en el continente de Oceanía, están agrupadas en la nación de la Polinesia Francesa. Es un destino recurrente para un viaje de novios, sobre todo la isla Bora-Bora, sin duda, la más famosa del archipiélago. Está compuesta por un paisaje idílico de playas con vegetación de cocoteros y tranquilas calas junto al mar. El interior de Bora-Bora, como el de muchas otras islas vecinas, está ocupado por una superficie montañosa como recordatorio del pasado volcánico de las islas, por ello, la vida se hace sobre todo en la costa.
En los circuitos de un viaje de pareja, tal vez se pretenda buscar más quietud y menos masificación turística. Un ejemplo es la isla de Tahití, donde la concentración de hoteles es menor y quizás es más fácil disfrutar de un baño tranquilo en las aguas transparentes, algo que los protagonistas de la luna de miel agradecen siempre, al poder vivir esos momentos románticos. Las aguas de Tahití, y el resto de islas, suponen una de las mayores riquezas de este destino, pudiendo incluir actividades como el submarinismo para observar la estructura coralina de los atolones.
Estos baños en el océano Pacífico, muy cerca de los corales, adquieren su máxima expresión en las islas Tuamotú, ya que, a diferencia de otras, el origen no fue volcánico, y las actividades se pueden orientar a descubrir ese paisaje submarino. Una luna de miel siempre disfrutará en esta zona del mundo, con un entorno que es distinto al tropical del Caribe, más basado en la frondosidad y en la vegetación y menos influida por la mano del hombre.

Cinco lugares para no perderse en una luna de miel: Bora-Bora, por la adecuación de las instalaciones turísticas al viaje de novios; Tahití, por la tranquilidad de los baños en sus calas y playas; Tuamotú, por la relajación de las olas del mar y las actividades naturales; isla Gambier, por esos momentos románticos junto a la orilla del mar; y Clipperton, por la posibilidad de llegar hasta este atolón deshabitado en excursiones organizadas.